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La
inteligencia social, un termino que conlleva cierto grado de
novedad, remite a las responsabilidades que una empresa tiene
para con la sociedad.
Entender por donde pasa esa
responsabilidad y que es lo que la comunidad demanda del sector
privado parece ser una de las claves para que las empresas
puedan afrontar un panorama con clientes cada vez mas exigentes
en ese sentido. Durante
muchas décadas, las empresas priorizaron un tipo de inteligencia
racional o lógica, que apuntaba a la eficacia y los
buenos resultados en la labor, con el fin puesto en la
rentabilidad de la empresa.
Hace
algunos años, se comenzó progresivamente a abandonar ese paradigma
y se comenzó a hablar de Inteligencia emocional, que
no es otra
cosa
que destacar la importancia en la empresa de las relaciones
humanas, la flexibilidad, la cooperación y el
trabajo en equipo.
Cualquier
empresa u organización están
atravesadas por los vínculos sociales. Se nutre de recursos
y personas que viven en un ambiente social
determinado, y genera consecuencias positivas o negativas sobre ese
entorno.
A
partir de allí, a la capacidad y el conocimiento técnico, se le
sumaron otras características indispensables que debe tener un líder
dentro del ambiente laboral, como son la empatia con el resto de los
miembros y las cualidades para gestionar los distintos intereses.
Al
poner el foco en la importancia de las relaciones humanas, la consolidación
de la noción de inteligencia emocional fue el punta pie inicial
para que hoy se pueda hablar de un concepto superador, que es el de
inteligencia social.
Por
inteligencia social, se entiende el hecho de que las empresas no
pueden desconocer ni los problemas que tiene la sociedad en la que
esta inserta ni las consecuencias que en esta generan, ni pueden
descuidar las relaciones con sus grupos de interés y los intereses
de la comunidad.
Un
síntoma de inteligencia social por parte de una empresa estaría
dado, por ejemplo, por su capacidad de vincular el propio ámbito
privado de la empresa con el interés publico y su propio devenir económico
con la conciencia sobre la realidad social.
Esto no implica que una
empresa realice acciones para pagar culpas por un accionar
deshonesto o contrario a los intereses de la sociedad, sino que la preocupación
social, los valores éticos y la conciencia de ser parte de una
comunidad atraviesen transversalmente toda la organización y cada
una de las acciones a realizar.
Es
innegable que la rentabilidad sigue siendo la principal condición
para la existencia de una empresa, pero hoy resulta difícil pensar
que se puedan obtener utilidades si no se promueve una relación
activa con los públicos interesados y los actores sociales sobre
los que tiene injerencia de forma directa e indirecta.
En
los últimos tiempos distintas consultoras en el orden nacional e
internacional han realizado estudios de opinión y encuestas, y los
resultados han sorprendido a muchos. mas del 50% de los consumidores
están dispuestos a pagar mas por productos elaborados por
empresas que apoyen causas sociales o sean respetuosas del
medio ambiente.
La
inteligencia social de una empresa esta relacionada directamente con
la responsabilidad corporativa frente a la sociedad, con la
conciencia de que la actividad económica no solo no debe sino que
tampoco puede desligarse de las cuestiones sociales inherentes a su
sociedad.
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